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Deborah Brauser|18 de agosto de 2016

Más evidencia parece indicar que consumir una dieta de tipo mediterráneo se vincula no sólo a una mejor función cognitiva, sino también a un aumento del espesor cortical.

La valoración de 672 participantes de edad mayor en el Estudio de la Clínica Mayo sobre Envejecimiento demostró que quienes tenían una mayor puntuación de apego a la dieta mediterránea mostraban medidas del espesor cortical significativamente mayores en los lóbulos frontal, parietal y occipital que los que tenían puntuaciones más bajas.

Las personas con un mayor consumo específicamente de pescado o legumbres también tenían mayor espesor cortical, aunque en zonas un poco diferentes. Por otra parte, quienes consumían grandes cantidades de hidratos de carbono y azúcar tenían un menor espesor cortical.

El estudio fue publicado en versión electrónica el 25 de julio en Alzheimer & Dementia.[1]

“Nuestro estudio demuestra que el tipo de alimentación repercute en los cambios estructurales del cerebro que subyacen al síndrome de demencia”, dijo a Medscape Noticias Médicas la autora principal, la Dra. Rosebud O. Roberts, profesora de epidemiología y neurología en la Clínica Mayo, Rochester, Minnesota.

Los resultados “pueden ayudar a las personas a darse cuenta de que pueden participar activamente para reducir su riesgo de demencia, al prestar atención a sus hábitos alimentarios”, añadió la Dra. Roberts.

En una publicación diferente, un metanálisis de 18 estudios demostró que un alto apego al consumo de una dieta mediterránea se relacionó con mejoras en atención, memoria y lenguaje, así como una “desaceleración” del deterioro cognitivo.

El primer autor del estudio, Roy J. Hardman, aspirante a PhD, del Centro de Psicofarmacología Humana en la Universidad Swinburne, en Melbourne, Australia, dijo a Medscape Noticias Médicas que lo sorprendente eran los importantes efectos incluso cuando se utilizaban diferentes herramientas de medición para evaluar el apego a la dieta y diversos dominios cognitivos, “independientemente de la mezcla de población y del país en el cual se estuviese realizando la investigación”.

La dieta mediterránea es un ejemplo de alimentación saludable que puede favorecer un envejecimiento saludable del cerebro”, añadió.

El metanálisis fue publicado en versión electrónica el 22 de julio en Frontiers in Nutrition.[2]

Evaluaciones mediante resonancia magnética

El Estudio de la Clínica Mayo sobre Envejecimiento identificó a todos los residentes del Condado de Olmstead, Minnesota, que tenían de 70 a 89 años el 1 de octubre de 2004.

Los investigadores examinaron a los que se sometieron a resonancia magnética de los cuatro lóbulos por separado, los promediaron en conjunto (promedio de lóbulos) que se consideraron “cognitivamente normales” cuando se les efectuó su resonancia magnética.

De esta cohorte, 52,5% eran hombres y la media de edad era 79,8 años. Durante una evaluación clínica se les hicieron preguntas a los participantes del Cuestionario de Actividades Funcionales y la escala de Evaluación Clínica de la Demencia y se les sometió a una batería de pruebas neuropsicométricas y de memoria.

También llenaron el Cuestionario de Frecuencia de Alimentos (FFQ) con respecto a los patrones alimentarios en el año previo. A partir de estos datos se calculó una puntuación de dieta mediterránea.

En comparación con una calificación baja, una calificación alta de apego a la dieta mediterránea se relacionó con un incremento significativo del espesor cortical en los siguientes tres lóbulos:

  • Frontal, p = 0,008
  • Parietal, p = 0,04
  • Occipital, p = 0,03

El espesor cortical promedio también fue significativamente mayor (p = 0,01) en aquellos con una mayor puntuación de apego.

¿Una intervención no farmacológica?

Además, varias regiones cerebrales individuales de interés fueron mayores en los participantes con altas puntuaciones de dieta mediterránea, entre ellas, corteza temporal superior y media, precúneo, circunvolución lingual, circunvolución fusiforme y corteza prefrontal dorsolateral (rango de p = 0,005 a 0,03).

El análisis de componentes individuales de una dieta mediterránea demostró que la mayor ingesta de legumbres se relacionaba de manera estadísticamente significativa con un mayor espesor occipital, parietal, precúneo, parietal superior, parietal inferior y lingual.

La ingesta de pescado se relacionó con un mayor espesor en las mismas regiones cerebrales, excepto en la occipital y la lingual, y con la adición de la corteza cingulada posterior.

También se observó un incremento del espesor cortical en determinadas regiones del cerebro de participantes con mayor consumo de granos enteros o cereales y del total de verduras, con y sin legumbres.

Se encontraron relaciones negativas entre el espesor de la corteza entorrinal y una alta ingesta de hidratos de carbono y alimentos azucarados; el menor espesor de la corteza temporal inferior y superior se correlacionó con una mayor ingesta de carne roja.

En este estudio “se evaluaron relaciones de varias medidas alimentarias con biomarcadores de atrofia o neurodegeneración en la resonancia magnética”, señalaron los investigadores. “Si se validan en forma prospectiva, las interrelaciones aportarán información para idear intervenciones no farmacológicas con el fin de mantener el espesor cortical y de esta manera disminuir el riesgo de alteración cognitiva”.

La Dra. Roberts añadió que, en conjunto, la investigación ha demostrado que los hábitos de alimentación deficiente pueden ocasionar enfermedades cardiovasculares y cáncer en personas de mediana edad y alteración cognitiva y demencia en individuos de edad avanzada.

Así que el mensaje fundamental es que “los médicos deben continuar las recomendaciones a sus pacientes sobre la importancia de mantener una dieta saludable, no sólo para su corazón, sino también para su cerebro”.

El Dr. Hardman, quien no intervino en esta investigación, lo consideró un “gran estudio” en general.

Sin embargo, “las ramificaciones no se han explorado más, ya que la validación de esta investigación y su correlación con biomarcadores sanguíneos todavía necesita tomarse en cuenta”.

Aun así, dijo que el estudio “es una contribución útil a los fundamentos de cómo una dieta mediterránea puede beneficiar tanto a una población anciana como a la población general.

Disminución de la conversión en enfermedad de Alzheimer

En el metanálisis en el que intervino, el Dr. Hardman y sus colaboradores analizaron 18 estudios longitudinales y prospectivos que evaluaron medidas alimentarias y mejoras cognitivas o mejoría en los últimos 15 años.

“Es importante tomar en cuenta que con la población que envejece la carga para el presupuesto sanitario no es sustentable. Y con la implementación de cambios en la alimentación, la índole protectora cognitiva de la dieta puede resultar fundamental”, dijo.

Los investigadores observaron que 13 de los estudios evaluados mostraron mejoras en la función cognitiva y una disminución en la velocidad de la pérdida de la función cognitiva lo cual, a su vez, minimizó la conversión en enfermedad de Alzheimer en participantes que tenían un fuerte apego a una dieta mediterránea.

“Los dominios cognitivos específicos que resultaron beneficiados con una mejor Puntuación de Dieta Mediterránea fueron memoria (reconocimiento tardío, memoria a largo plazo y memoria de trabajo), función ejecutiva y constructos visuales”, informan.

No hubo beneficios importantes para la función motora o de acción con el apego a la dieta mediterránea en los estudios que se enfocaron en esos dominios específicos.

Los investigadores señalan que los resultados generales indican “evidencia alentadora” de un vínculo entre el consumo de este tipo de dieta y mejoras en la cognición.

Sin embargo, también resaltan la necesidad de un FFQ basado en computadora para obtener una puntuación de dieta mediterránea estandarizada y que los estudios aleatorizados y controlados futuros validen las evaluaciones cognitivas “que son sensibles a las facultades cognitivas, las cuales se alteran con la edad y son potencialmente susceptibles de intervenciones”.

La investigación ahora demuestra que “la dieta mediterránea ofrece la oportunidad de cambiar algunos factores de riesgo modificables”, señaló el Dr. Hardman en un comunicado de prensa.

“Estos comprenden reducir las respuestas inflamatorias, incrementar los micronutrimentos, mejorar los desequilibrios de vitaminas y minerales, cambiar los perfiles de lípidos y tal vez cambiar la microbiota intestinal”.

El primer estudio fue financiado por apoyos económicos del National Institutes of Health (NIH) y por la Fundación Mayo para la Educación e Investigación Médica. La Dra. Roberts informa recibir financiación para la investigación por parte del NIH. Las declaraciones de conflictos de interés de los coautores aparecen en el artículo original. Los autores del metanálisis han declarado no tener ningún conflicto de interés económico pertinente.

Referencias

  1. Staubo SC, Aakre JA, Vemuri P, Syrjanen JA y cols. Mediterranean diet, micronutrients and macronutrients, and MRI measures of cortical thickness. Alzheimers Dement. 2016 Jul 23. Resumen
  2. Hardman RJ, Kennedy G, Macpherson H, Scholey AB, Pipingas A. Adherence to a Mediterranean-Style Diet and Effects on Cognition in Adults: A Qualitative Evaluation and Systematic Review of Longitudinal and Prospective Trials. Front Nutr. 2016 Jul 22. Artículo completo

 

© 2016  WebMD, LLC

Cita:  Una dieta mediterránea se asocia a un incremento del grosor de la corteza cerebral. Medscape. 18 de agosto de 2016.

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